El alojamiento y todas las instalaciones genial, ninguna queja y nos ha encantado estar, volveríamos sin problema. La única queja sería para el camarero calvo de la cafetería, nunca hemos visto persona más mal educada. Todo lo que le pides tiene alguna cara o algo que contestarte, todo le parece mal, le habla mal a los clientes nada más verlos llegar con “no me pidáis nada ahora que estoy yo solo, no puedo con todo”, o simplemente le levantas la mano y ya te suelta un “estoy ocupado no puedo”… Todo el mundo sabe que la hostelería es un trabajo duro y muy poco agradable, pero si no sabe hacer su trabajo o no le gusta que no le esté ahí, porque en ningún momento nadie le ha faltado al respeto. Y es una pena realmente porque los desayunos y la comida de la cafetería están muy buenos, dan ganas de volver, pero con ese señor sirviendo pues ya se van todas las ganas, lo que hace los clientes vayan a comer fuera como hemos ido nosotros alguna vez, solo por no coincidir con él.
Igualmente gracias por todo lo demás, intentaremos volver!