No era lo que esperaba, pero resultó ser perfecto. No tuvimos TV ni Wifi en la habitación, pero la verdad no hizo falta. Los cuartos son pequeños, pero las camas son muy cómodas. El suelo y las paredes son de madera, y los vecinos eran muy ruidosos. Su staff fue muy amigable.
Lo que más destaco del hotel es que queda ABSOLUTAMENTE retirado de la ciudad, hay que trasladarse en bote a TODOS LADOS. Es una "ciudad flotante". Hay que manejar hasta un lugar llamado "La Pavona" y dejar allí el carro. El parqueo cuesta 4,000 colones el día (7.60 dólares). De ese lugar se toma un bote (sí, un bote) que cuesta 2,000 colones por persona. Ese bote los llevará al pueblo, que tiene acceso a la playa. No hay mucho que ver en el pueblo, está muy descuidado. El hotel ofrece transporte desde y hacia el pueblo tres veces al día en horarios específicos. Si se quiere trasladar a otras horas, los taxi-botes cuestan 1,000 colones por persona. El río cercano está lleno de lagartos, lo que le dio un toque terrorífico a nuestra estadía. Hay muchísima vida silvestre. Dentro del hotel pudimos ver iguanas gigantes, osos perezosos, monos araña, monos aulladores, y cocodrilos (cercanos al hotel, no dentro). La piscina del hotel es muy limpia y privada. La comida estuvo... bien.
En resumen, podría decir que nos costó un poco acostumbrarnos a dejar de lado la tecnología, pero una vez nos olvidamos de eso, la pasamos perfectamente bello. Repetiría el viaje sin dudarlo!