Habiendo reservado una habitación superior con vistas frontales al mar Menor (para ver los atardeceres) nos dieron una con vistas laterales (donde no se veía la puesta del sol), y cuando nos quejamos la respuesta fue que ya veíamos un poco el mar y estaba muy alta, al insistir dijeron que no tenían ninguna libre (el hotel claramente no estaba lleno) y al seguir insistiendo nos mostraron su página donde no existe la opción de superior con vistas no frontales, por lo que todas las supepriores se consideraban con vistas frontales (aunque no lo fueran) y reconoció que nuestra queja les pasa mucho (pero no hacen nada por arreglarlo). No nos cambiaron de habitación ni nos dieron ninguna opción. Si das al lado del parkin, el ruido de los motores (del aire acondicianado, creemos) suena muchísimo las 24 horas. No hay insonorización entre habitaciones y oyes incluso hablar a los de al lado. La limpieza escasa. A 2 de los 5 ascensores no les funcionaba el botón del piso 10 por lo que no subían. El bufet del desayuno horrible, a pesar del gran tamaño, poca variedad (había mucho de lo mismo en muchos sitios) y poca calidad (embutidos horribles y sin jamón, bollería regular, salados calientes poco y malos, fruta incluso pasada, yogures para echarse con cucharon sin poner el sabor). El bufet de las comidas aún peor, solo se salvaba la plancha en la que hacían gallos al momento. A las horas punta de las comidas o llegadas y salidas, largas para todo, incluso coger el ascensor. No volvería.